Cuándo acudir a terapia de pareja

Terapia pareja

Existe la idea de que a terapia de pareja se va cuando ya no queda nada que hacer, como último recurso antes de la ruptura. En la práctica ocurre justo lo contrario: cuanto antes se pide ayuda, más margen hay para entender qué está pasando y más fácil resulta reparar.

Señales de que puede ser un buen momento

  • Discutís siempre por lo mismo y la conversación acaba igual, sin importar cómo empiece.
  • Habéis dejado de hablar de ciertos temas para evitar el conflicto.
  • Uno de los dos siente que pide y el otro siente que nunca es suficiente.
  • Hay distancia física o afectiva y ninguno sabe cuándo empezó.
  • Ha habido una crisis (una infidelidad, una pérdida, un cambio vital) y no conseguís recolocaros.
  • Convivís bien pero os sentís más compañeros de piso que pareja.

Ninguna de estas señales significa que la relación esté rota. Significan que hay algo atascado que, por vosotros mismos, no estáis consiguiendo mover.

La terapia de pareja no es un juicio

Una de las resistencias más frecuentes es el miedo a que el terapeuta decida quién tiene razón. No es eso lo que ocurre. Mi trabajo no es repartir culpas, sino ayudaros a ver el patrón que os atrapa a los dos: esa secuencia que empieza siempre igual, en la que uno reclama, el otro se retira, el primero reclama más fuerte y el círculo se cierra.

Cuando ese patrón se hace visible, deja de ser «tu culpa» o «mi culpa» y pasa a ser algo que podéis mirar juntos.

Qué se trabaja en las sesiones

  • Cómo os comunicáis: qué se dice, qué se calla y qué se entiende.
  • Las expectativas de cada uno, muchas veces nunca formuladas en voz alta.
  • La historia de cada miembro y lo que trae de su familia de origen.
  • Los acuerdos concretos del día a día: cuidados, tiempos, límites, proyectos.
  • La reparación después de las heridas, cuando las ha habido.

¿Y si uno de los dos no quiere ir?

Es una situación habitual y no invalida el proceso. A veces se empieza con quien sí está dispuesto y, al cambiar la manera de participar de una de las partes, la dinámica ya se mueve. Otras veces basta con una primera sesión para que la persona reticente vea que aquello no va de señalar a nadie.

Y hay un caso más: parejas que llegan para decidir si seguir o no. También ahí la terapia sirve, porque separarse con acuerdos y con menos daño, sobre todo si hay hijos, es un objetivo perfectamente legítimo.

Si al leer esto te has reconocido en algo, puede ser un buen momento para hablarlo con calma. Puedes reservar una primera sesión y lo vemos juntas.

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Paula Olcina en su consulta de psicología en Alcoy
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